RESILIENCIA EN ROJO: Siete de Cada Diez peruanos Tienen Baja Capacidad para Afrontar Crisis
El Perú se enfrenta a una realidad incómoda y urgente: nuestra autopercepción de fortaleza no concuerda con nuestra preparación real ante las crisis.
Un nuevo estudio revela que la tan mencionada «resiliencia peruana» es, en gran medida, un mito. Resiliencia en Rojo: 7 de Cada 10 Peruanos Desaprueban la Prueba. Una alianza entre Pacífico Seguros y Semana Económica ha presentado el primer Índice de Resiliencia 2024, y la cifra es contundente: la nota nacional es de 29.7 sobre 100. La principal conclusión es que siete de cada diez peruanos tienen un nivel de baja resiliencia. Esto no es solo un problema de números; es un reflejo de vulnerabilidad.
El estudio revela que solo un tercio de la población tiene ahorros para una emergencia , y casi la mitad no podría cubrir sus gastos por más de un mes si perdiera su principal fuente de ingresos. Esta fragilidad financiera obliga a las familias de bajos recursos a depender de la actividad para juntar fondos» —como rifas o ‘apoyadas’— un mecanismo que colapsa si el desastre afecta a toda la comunidad, como una inundación. El Gran Desafío Multisectorial. Los expertos convocados al evento señalaron que la resiliencia es un músculo que debe entrenarse, no un concepto. Desde el sector privado, Adriana Quiroz del Pacto Global de Naciones Unidas, lanzó una advertencia directa a las empresas: «No podemos ser resilientes si el 54% de nuestros colaboradores formales tienen baja resiliencia».
Propuso que las empresas aborden esto ofreciendo el Salario Digno y enfocando sus estrategias en la inclusión y educación financiera para que sus equipos puedan generar ese colchón económico. En el ámbito público, el exministro José Salar criticó la brecha entre el diagnóstico y la ejecución. Aseguró que el Estado ha sobre diagnosticado problemas como el Fenómeno del Niño, pero falla constantemente en la ejecución de proyectos de prevención. Subrayó que la gestión de riesgos es imposible sin un ordenamiento territorial que detenga la informalidad en zonas vulnerables. Por su parte, Marilú Martens de CARE Perú, que trabaja directamente con la base, insistió en que la solución viene desde lo local.
Instó a que los simulacros se conviertan en un hábito cultural que cree «memoria colectiva» para que, en caso de emergencia, no se tenga que improvisar. En resumen, la crisis nos va a golpear pronto, y los peruanos somos vulnerables. La meta no es solo sobrevivir, sino, como lo señalaron los organizadores, recuperarse bien. El desafío ahora es convertir esta baja nota en el catalizador para una verdadera estrategia nacional de prevención.



























































































