¡Basta de repartijas! El poder del 66.6%: Cómo el voto nulo puede forzar el cambio que el Perú exige

Voto nulo: Estamos a pocos días de la segunda vuelta este 7 de junio, una jornada que, lejos de despertar esperanza, ha generado un profundo rechazo.

En nuestro portal hemos analizado los planes de los dos candidatos finalistas, Keiko Fujimori y Roberto Sánchez. Lo que encontramos no son estrategias de gobierno; son tácticas de supervivencia política. Mientras el país exige soluciones, ellos solo ofrecen ataques, polarización y un repartido de poder que huele a intereses privados, muy lejos de las necesidades del ciudadano de a pie. Es evidente: la ciudadanía está harta.

Vemos a los equipos técnicos intentando maquillar propuestas que no convencen a nadie. La sensación general es la misma en Lima y en regiones: estamos atrapados entre dos opciones que no representan el bienestar del pueblo, sino el beneficio de élites políticas que buscan ‘repartirse la torta’ sin importarles el futuro de nuestra nación. ¿Realmente queremos esto para los próximos cinco años?.

Muchos han salido a las calles a protestar, enfrentándose a la policía y exponiéndose a daños físicos, con resultados que luego pagaremos todos nosotros a través de impuestos y arbitrios para reparar nuestra propia ciudad. Pero hay una forma pacífica, legal y mucho más potente de decir ‘basta’. La ley peruana, en su artículo 365, contempla una herramienta que pocos se atreven a invocar: si los votos nulos y en blanco superan los dos tercios del total de votos emitidos, el proceso electoral se anula.

Es la voz del pueblo expresada en las urnas, no en las barricadas. Como periodista que ha investigado a fondo este sistema, mi conclusión es clara: no permitan que sigan manipulando su voto para llevar al poder a quienes no tienen interés en el pueblo. La verdadera protesta, la que realmente puede obligar a estos candidatos a irse a sus casas y forzar a una renovación política real, es el voto nulo masivo este 7 de junio. Salir a marchar y destruir la ciudad es castigarse a sí mismo. Votar nulo es ponerle un freno a la clase política que no nos representa.

Si la gran mayoría de peruanos está disconforme, que esa disconformidad se cuente en las actas electorales. Es momento de que los candidatos entiendan que el poder lo tiene el ciudadano, y si ninguno merece nuestro voto, tenemos el derecho constitucional de anularlos. Como periodista, me resulta indignante observar cómo el aparato político intenta normalizar una elección donde ninguna de las dos opciones ofrece garantías de integridad. La ciudadanía está cansada de ser un espectador pasivo en un juego diseñado por y para los mismos de siempre. He escuchado el clamor en las calles, pero también he visto las consecuencias.

¿De qué sirve destruir el mobiliario urbano de nuestra ciudad si al final será el bolsillo del ciudadano el que pagará la reconstrucción? La rabia es legítima, pero la estrategia de protesta debe ser inteligente. El Artículo 365 de la Ley Orgánica de Elecciones no es un adorno legal; es una puerta de salida ante la crisis de representatividad. Superar el 66,66% de votos nulos es una meta alta, sí, pero es la única vía pacífica y democrática para enviar a estos candidatos a sus casas y obligar a una reestructuración completa del sistema.

El voto nulo no es «no votar»; es votar en contra de un sistema que nos ofrece opciones que no queremos. Este 7 de junio, el Perú tiene la oportunidad de dejar claro que no somos borregos de nadie. Si los candidatos son una burla, la respuesta debe ser contundente en las ánforas. No dañemos nuestra casa; cambiemos a quienes la dirigen.

El agradecimiento a ATV, reporte semanal y AFP por las imágenes difundidas en este noticiero.

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